Dice Cortázar dice Oliveira en Rayuela, que es aconsejable saltar atrás cuando las grandes palabras solemnizan endurecen entiesan y mayormente se adueñan del razonamiento, a ponerles hache entonces para reírse un poco, un cascabel de hache al hamor, por ejemplo, una nariz roja de hache al horgullo.
Grandes palabras que así, tan enormes tan vastas son inalcanzables. Hay que traerlas de este lado, hacer que quepan en el bolsillo y se dejen acariciar, que se dejen estar en la concavidad de una mano de hombre, que al fin y al cabo es cosa pequeña.
Hay que abajarlas con un palo largo y latita en la punta para que no se estrellen contra el suelo, pero lleguen más que como estrellas como velitas de poner encima de la estantería, algo que sirva para iluminar y dé un poco de calor acá en la pieza, que en el cielo inalcanzable sirven para hacer discurso pero allí quedan, lejos y sin posibilidad de uso.
Basta de utopías. Hutopías, entonces, haceres más que decires aunque por acá abajo se resquebrajen un poco, muestren la hilacha, tengan muescas.
Hay que animarse, claro. Siempre es menos complicado mirar de lejos y lamentarse de la imposibilidad de acceder a los cuerpos platónicos, que tan lindos son y tan poco se ven por acá en mi barrio. Y a la perfección habría que ponerle una hache aunque no le pegue, aunque haya que abollarla un poco o usar cinta adhesiva. Habría que intentarlo, ¿no te parece?, a ver qué pasa.
Tener sueños himperfectos pero sueños y realizarlos himperfectamente, y ser himperfectamente felices como se debe, en vez de darnos a la perfecta infelicidad del nosepuede.
russomannomonica@hotmail.com
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