viernes, 16 de septiembre de 2022

Buenos tipos

El hombre en el primer asiento habla con el colectivero. No se qué dicen exactamente, porque llego en la mitad de la conversación y sólo escucho lo que dice ese señor de cabello cano y cartera para llevar documentos.

Se queja de Los de Derechos Humanos, que si matan a uno de los nuestros no dicen nada, mientras que si es al revés arman un quilombo. Y dice que hay que pegarles en las piernas, no en los tendones porque quedan duros, en las piernas. ¡Ah, y en las manos!. Se acuerda de que en las manos también se les debe pegar. En las piernas y en las manos.

El señor está sentado en el primer asiento, y es el abuelo de cualquier nenito sonriente, el vecino amigable, supongo. Un buen tipo, diría mi papá, que en esa descripción hace entrar a todo el que se peine por las mañanas y lleve camisa planchada.

No me sorprende que suba un padre cargando un bebé, y el buen tipo se levante caballerosamente, y le diga que por favor, que es un gusto, que no faltaba más. Sientesé. No me sorprende pero me espanta.

No creo que el hombre haya pegado alguna vez a alguien en las piernas y en las manos, en los tendones no. No tengo la seguridad, pero supongo que sólo expresa la ferocidad que aflora en cuanto no nos gusta la melodía que toca el músico.

Con cuánta soltura se habla del paredón, o se dice que a esos hay que matarlos a todos. Y uno se olvida de que las palabras son armas que otros se apresuran a utilizar, y que si no apretamos los gatillos, en el momento en que condenamos a muerte o tortura a otro ser humano prestamos dedos fantasmales a los verdugos.

Pero en el colectivo cedemos el asiento, hacemos demostración de urbanidad frente a la gleba. Somos buenos tipos. Todos.


Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com

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