sábado, 24 de septiembre de 2022

Salsipuedes

Hay una localidad en Córdoba que tiene este nombre temible. Salsipuedes. Este nombre –lo repito, temible- parece decir que el visitante llegará con facilidad pero no tendrá la misma holgura en el momento en que quiera abandonar el pueblo.

Hablábamos con unos amigos sobre los grupos, y defendían ellos los cruceros diseñados para cubrir las expectativas de pasajeros gays. Decían, y me parece un punto reconocible, que de haber sólo personas homosexuales en ellos, nadie es mal mirado ni señalado, todos pueden compartir los códigos como la música, cierto lenguaje,  la decoración, los puertos a tocar que son ciudades donde existen barrios gays. En fin, me decían que en estos barcos así como en ciertos hoteles temáticos, todo está pensado para satisfacer las necesidades de un público específico. Y, recalcaban, en esos lugares nadie debe fingir ni esconderse pues todos participan de una misma condición.

Para poner a prueba una idea, es bastante útil el viejo truco de la reducción al absurdo. Pongamos un ejemplo diferente para ver lo mismo desde más lejos, desde cierta extrañeza u otra luz quizás no tan cenital sino una luminiscencia de atardecer donde las sombras se alargan.

Propongo, entonces, un crucero sólo para personas negras, con el fin de que no se sientan discriminados por los blancos, puedan disfrutar a destajo de su maíz cocido, escuchen góspel mañana tarde y noche,  y tengan inclusive, detalle simpático, en vez de un minigolf un pequeño algodonal en cubierta para que los niños practiquen los antiguos oficios de sus ancestros. Me dejo llevar e imagino bares temáticos con grilletes y látigos pero ya es suficiente.

No es lo mismo, dicen.

Y qué tal un crucero sólo para aborígenes, con un precioso tótem a manera de mascarón de proa, artistas dedicados a pintar curiosas máscaras guerreras a los pasajeros, y todo un arsenal de plumas de colores para que las damas elaboren su propio tocado. Muy creativo y, como en los anteriores, con una absoluta libertad y comodidad ya que se encontrarían sólo y únicamente entre pares. Si todos participan de un grupo homogéneo, no hay discriminación, ya que no se puede separar un grano de la taza de arroz.

Podría haber un crucero sólo para mujeres para que no se vean expuestas a vejámenes, como se había propuesto en México un autobús femenino. Excelente idea si las hay. Recuerdo en este punto a un obispo católico de aquí en Argentina, que propuso una ciudad para los homosexuales, así no eran molestados por la gente normal. Esto es en extremo caritativo y ejemplo de conducta. Sería como realizar un pueblo para depositar a los mancos, otro para los sordos, y de allí en adelante y todo lo que se les ocurra. Es claro que nadie se burlaría de un ciego si todos quienes comparten la vida son invidentes. Buena solución, virtuosa y pensando en el bien de los pobres anormales.

No caigo en la ingenuidad de creer que una pareja gay se sienta cómoda en medio de una sociedad homofóbica, que una familia de negros disfrute de una felicidad sin atenuantes en medio de una población blanca, que una mujer camine con tranquilidad en un autobús donde viaja la hinchada de un equipo de fútbol a la cancha. Un aborigen es consciente de sus rasgos, y de que muchas personas hallarán algo reprobable en la rasgadura de sus ojos o el color de su piel.

Pero fabricar el propio gueto es un camino riesgoso, donde la protección para que el daño no entre se transforma en una barrera que impide salir.

No queda otra cosa que el ejercicio de la valentía para que los tiempos se desarrollen y cambien. No es simple y no nos engañemos, es doloroso. Más fácil es construir reservas, barrios privados, encerrarse en casa o fingir que uno es otra cosa. Pero se pierde la dignidad en el sendero de la sombra.

Una nena me dijo, cuando trataba de convencerla de que es hermosa con su pelito oscuro y sus ojos profundos “qué viva, vos tenés ojos verdes”. Acusación dolorosa y desgarradora. Tiene razón, cómo pedir coraje a los otros. Lo único que puedo hacer es no sumar ladrillos para que se erijan muros.

Cuidado con los Salsipuedes. Finalmente hay un laberinto para cada Minotauro.


Mónica Russomanno
russomannomonica@hotmail.com

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