jueves, 22 de septiembre de 2022

No lugar

No lugar es no lugares, no es uno solo, de tanto no ser es muchos, se multiplica; de tanto carecer de identidad es impecablemente igual a sí mismo, reconocible en su aparente falta de señales y ausencia de huellas.

No lugar de los aeropuertos, de los shoppings, de los lobbys de hotel con la misma música difusa, decoración sin personalidad, borrosa gente. Imagen con filtro, fotografía extraviada del álbum, ¿esto era Estambul o Buenos Aires? ¿Este era Julio o Fernando? ¿Y quién soy, yo, en la fotografía?

Como dice Kundera, siempre hay aliados de sus propios sepultureros, gente que se deleita en ser uno más de millones, en no ser reconocido ni reconocer, en que la indiferenciación cree el fantástico tono futurista de un mundo aséptico y dilatadamente uniforme. Andy Warhol proclamando que Moscú no es bella porque no tiene Mac Donald, que Madrid es bella porque tiene Mac Donald. Se ha reparado la falta, ahora todas las ciudades son bellas.

La vestimenta, las comidas, el mismo lenguaje es aplanado por el limbo desdibujado del sitio inmóvil enclavado en el centro del caos. Afuera evolucionan abigarrados colectivos fileteados, mujeres de lustrosas pieles rojizas, aromas de especias. Afuera hace frío o calor, llueve, las voces aferran caligráficos acentos. Afuera es la vida.

En el mercado, el verdulero saluda a Eduardo y le pregunta por Eva, le da la medida justa de tomates que necesita, receta un remedio de la abuelita para el ardor de estómago, exhibe los olores impúdicos de las frutas maduras. En el super o el hiper las normadas bandejitas pesan igual para todos los clientes, el plástico transparente no impide que el tenue perfume a desodorante de ambientes sea el mismo en la sección de carnes que en la de pescado. Y adentro nunca sabrás si afuera nieva o el sol derrite el asfalto, si a media cuadra hay un mendigo que expone las llagas de las piernas al sol, si acaso penden banderas de los balcones. Desde adentro, se puede intentar que el afuera no exista.

Lo bueno es que el subte salga directamente en el shopping, que el taxi nos deje justo en la puerta, que no se cuele ninguna brizna de pasto y nos desarregle el peinado. Ah la epifánica felicidad de no ser, estar invisiblemente, confundirse. Y mirar, sin asombro, los mismos objetos, las mismas marcas en todos los escaparates. Sin sentir miedo ni horror.

El maravilloso éxtasis de estar en un no lugar, es decir no estar, no ser, dejar de haber sido.


Mónica Russomanno

russomannomonica@hotmail.com

No hay comentarios.:

Publicar un comentario