Es la madrugada, afuera crece el silencio, se escucha la brisa en las hojas brillantes de luna y estrellas.
Quién pudiera ver a los amigos en sus camas de soledad, almohadas cabezas brazos gentiles, los párpados dados al reposo al hambre de lo que durante el día no fue, a los recuerdos que llegan desde las lejanías del tiempo. Quién pudiera abrazar con el cariño su descanso, su revolverse en las sábanas. Quién pudiera.
Si deseo ahora, en el silencio de la alta noche, de la baja madrugada, en esta hora de insomnios de promesas, en esta hora en que el espejo es cruel con la ilusiones; si deseo ahora que la felicidad toque las frentes de los amados, si deseo para cada uno un pequeño toque de felicidad, un gran toque, si deseo en este momento de nada, de fin de día sin comienzo, en esta hora de partidas y adioses y de lechuzas, si deseo que las manos abriguen, que los cabellos se destejan, que un soplo cortes, cálido, amable, si deseo un poco de amor o de lo que sea, quizás de amor que otra cosa no se me ocurre para los amigos. Si deseo una caricia de amor para cada uno entre las sábanas.
Y mientras tanto afuera navegan nubes prófugas, vagos destrozos, jirones evanescentes navegan el negro. Y no tienen miedo, creo. Las efímeras nubes surcan mi pequeño cielo y no temen la inmensidad, no crujen los dientes, no tiemblan, se desatan y se estiran y se dejan ser. Quién pudiera tener la inconsciencia de una nube.
Sobre las casas de mis amigos de párpados cerrados las nubes dibujan figuras, se adelgazan en signos. Y ellos duermen, tan ellos mismos, tan tiernos en la noche, tan solitos pobres ellos.
Hoy yo velo y los acuno, y les canto bajito un noni noni, y no les puedo revolear el pelito pero les digo noni noni. Noni noni mientras el cielo gira hacia el amanecer.
russomannomonica@hotmail.com
No hay comentarios.:
Publicar un comentario